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EEl italiano gana su segundo Wimbledon consecutivo tras derrotar al alemán (6-7 [7/9], 7-6 [7/2], 6-3 y 6-4) en una intensa final
13:30 domingo 12 julio, 2026
Deporte Nacional e Internacional
Alexander Zverev crece, pero no tanto como para llegar al rey Jannik Sinner, campeón de Wimbledon por segundo año consecutivo (6-7 [7/9], 7-6 [7/2], 6-3 y 6-4), triunfador en la Catedral sin haber disputado antes un torneo de preparación en hierba. Suma cinco Grand Slams: dos Open de Australia, un US Open y con este, dos Wimbledon. Le falta Roland Garros para completar la colección. Este año en París lo derrotó el calor, como reconoció hasta Juan Manuel Cerúndolo, el tenista que lo venció, y volvió el debate de qué pasaba con su cuerpo, que no era la primera vez que le fallaba. Precisamente de la Philippe Chatrier salió Zverev campeón y transformado en un tenista algo distinto: igual de bueno, pero más decidido. ¡Era por fin, campeón de Grand Slam! Cierto que todos los partidos son diferentes, pero de la final del Open de Australia 2025, en la que Alexander no tuvo ni una opción ante Sinner, a la de Wimbledon 2026 hubo un abismo, aunque terminara levantando los brazos el mismo jugador. Zverev tuvo como aliado su portentoso servicio, pero Sinner contestó con la misma moneda. Hicieron falta dos horas y 45 minutos para que el alemán tuviera su primera oportunidad de break, y justo después, cuando se cumplían las tres horas, llegó la primera rotura del encuentro, conseguida por Jannik en el único momento en el que su rival encadenó algunos errores en el primer servicio y tuvo que jugar con segundos. La rabia le pudo al tenista de Hamburgo, que estrelló la raqueta contra la hierba. De la oportunidad perdida, además con susto porque se resbaló –estuvo fantástico Sinner acudiendo rápidamente en su ayuda para levantarlo, aunque por fortuna no fue nada– a la oportunidad concedida para perder el tercer set y que el número uno del mundo ya enfilara la victoria. El choque se estaba moviendo en el alambre, haciendo bueno el tópico de que muchos partidos de tenis se deciden por detalles. Se dice siempre, pero no por eso deja de ser cierto en ocasiones. La nueva mentalidad de Zverev se notó especialmente en su golpe de derecha, considerado habitualmente como su punto débil. Le pegó más duro que nunca, lo que supone asumir riesgos, pero es que siendo conservador ya había comprobado que no tenía opciones. Sinner se vio sorprendido cuando su oponente conectaba algún ganador de derecha a velocidad de Alcaraz o cerca. No le había hecho eso en encuentros anteriores, y habían jugado catorce. Y después, el saque: mucho primero dentro y rondando los 215-220 kilómetros por hora todo el rato. Pero es que Sinner respondía de forma similar, aunque con algo menos de porcentaje. Tuvo una opción de break el pelirrojo en el primer set, y falló un golpe que no suele para desperdiciarla. De las pocas veces que dudó. Se llegó al desempate y el duelo de cañoneros fue tremendo, saque directo por allí, servicio abierto por allá... Uno a la línea, y otro y otro. Saltaba la cal. No tuvieron que salir a repasarlas de milagro. Sinner salvó la primera pelota de set con una dejada y un passing. Tuvo una él, pero el servicio fue imposible de restar, y a la segunda el alemán sí la concretó con una derecha paralela. El grito que dio fue significativo. El encuentro fue un calco en el segundo set, con los dos tenistas muy concentrados, pero el desenlace en el tie-break fue distinto, ya que el italiano tomó una ventaja al principio que supo rentabilizar. El break en el parcial siguiente y poder concretarlo parecía darle una ventaja anímica definitiva. Sinner ya se ha visto en situaciones así muchas veces y puede mantener el nivel. Zverev también lo ha hecho en algunas, pero quizá no está acostumbrado a jugar con un ritmo tan alto. Tampoco se vino abajo, e incluso tuvo un juego con 0-30 que no logró rentabilizar. Algunas pelotas se le marcharon por nada, y lo lamentaba con las manos en la cabeza. Su derecha comenzó a temblar un pelo. Tuvo fe, pero Jannik ya estaba en modo invencible y empezaba a combinar el ritmo machacón con algún cambio de velocidad con las dejadas. Encima, cada vez era más capaz de restar más cómodo, después de horas buscando el sitio: más adelantado, atrás del todo como si fuera tierra... Al final, el número uno tiene soluciones para todo. FUENTE LA RAZON