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Pero no: la jefa de Gobierno va a, me parece que dijo, “reparar” las estatuas, y luego a ponerlas en algún otro lugar, para que no haya problemas
00:10 martes 4 agosto, 2026
Colaboradores
Uno pensaría que la jefa de Gobierno tiene algunas cosas de que preocuparse antes de reponer las “estatuas” de un tirano, Castro, y un sociópata, el Che, como prometió a mediados de esta semana que haría. Muchas cosas, de hecho, desde enfrentar lo que los casos de despojo en la Del Valle han destapado: una epidemia chilanga de robos de casas con lo que tiene toda la pinta de ser una activa participación burocrática, policiaca y judicial; hasta explicarnos algo, un poquitín, sobre los asesinatos de sus dos colaboradores; hasta tapar al menos un miserable bache en alguna de las avenidas chilangas, aunque ya haya terminado el Mundial, que es cuando se supone que nuestra ciudad iba a tener un cutis de porcelana para recibir a los millones y millones de turistas que igual no llegaron; hasta buscarle una solución al problema del agua que no sea la de las administraciones anteriores: esperar a que llueva; hasta explicarnos dónde andan los montones de baños públicos con ajolotes y autolavado, y hasta, ya que estamos, decirnos dónde quedó el ajolotote que puso en el estadio y le hicieron quitar y, por qué no, qué demonios hizo que pintaran de morado y luego pintaran otra vez de amarillo la mitad de la Ciudad.
Pero no: la jefa de Gobierno va a, me parece que dijo, “reparar” las estatuas, y luego a ponerlas en algún otro lugar, para que no haya problemas. Como dije antes, hizo bien Alessandra Rojo en quitar ese esperpento de nuestras calles. Es una hueva repetirlo, pero va otra vez: Fidel fue un tirano implacable, al que hay que responsabilizar de la miseria totalitaria en que vive ahogada Cuba; el Che, un gatillero que pasó del estalinismo el maoísmo, con sus gulags y sus decenas de millones de muertos por represión, y fracasó en cada cosa que hizo después de que lo suyos tomaran el poder, desde África hasta Bolivia, con su incompetencia militar de kamikaze y de asesino. Entiendo que estas analogías son de agarrarse con pinzas, pero no hay por qué rendirle un tributo estatuario a esa pareja de criminales, como, toda proporción guardada, no habría que rendírselo a Stalin o Mussolini.
El argumento, ya bastante monsergoso, consiste en que “es de que es parte de la historia”, por aquello de que el cuartelazo castro-guevarista se gestó en la colonia Tabacalera. Pues sí, pero con ese argumento podrías dedicarle esculturas a los políticos, militares y policías que operaron la contra insurgencia en los 70, con Echeverría a la cabeza, para salvarnos del totalitarismo. Como sea, el argumento queda invalidado por el hecho mismo de que las estatuas se van para otro lado. Ojalá que no sea el estadio, otra vez.
En cuanto a las estatuas mismas, o a la escultura hecha de dos figuras, si prefieren, está realmente piñata. Vean las fotos. Que la fundan, por Dios, y acabemos con esto.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09