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La fiesta ya empezó, pero la derrama económica avanza a velocidades distintas entre comercios, restaurantes y turismo
00:10 jueves 18 junio, 2026
Colaboradores
La fiebre mundialista llegó a México con una promesa repetida durante meses: una gran fiesta deportiva que también sería una oportunidad económica. Y la realidad comienza a mostrar una fotografía más compleja, pues mientras algunos sectores ya sienten la derrama, otros siguen esperando el gol que tal vez no llegue. El evento futbolístico más importante de este año, está generando impactos diferentes, revelando cuáles negocios estaban preparados para aprovecharlo y cuáles están quedando fuera del partido.
Las primeras proyecciones hablan de hasta 10 mil millones de pesos para el comercio de barrio en México, una cifra que colocaba a las pequeñas tiendas, negocios de comida, abarrotes y proveedores locales como los grandes protagonistas de esta historia. La lógica era sencilla: millones de aficionados verían los partidos desde casa o en reuniones con familiares y amigos, generando consumo en productos básicos, bebidas y alimentos preparados.
De acuerdo con las estimaciones del sector comercial, nueve de cada diez pesos de esa derrama se concentrarían en categorías como abarrotes, cerveza y comida preparada. Solo los abarrotes podrían representar alrededor de 2 mil 550 millones de pesos; la cerveza cerca de 2 mil 125 millones y los alimentos preparados otros 2 mil 125 millones. La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes, previó un gasto aproximado de hasta tres mil pesos para un partido, considerando una reunión para 10 personas y que incluya alimentos y bebidas variadas como agua, cervezas, refrescos, botana agua y snacks preparados.
Y es que en una economía donde muchas pequeñas empresas operan con márgenes reducidos y enfrentan créditos caros, esta oportunidad representa una inyección importante de liquidez.
Sin embargo, el primer contraste aparece en el sector restaurantero. Mientras las expectativas apuntaban a restaurantes llenos, consumo masivo y noches de alta demanda, en San Luis Potosí el primer encuentro de la Selección Mexicana no generó el movimiento esperado. Empresarios del ramo reportaron que las ventas se mantuvieron prácticamente iguales a una jornada normal. La emoción estaba en las pantallas, pero no necesariamente en las mesas.
Parte del problema tiene una explicación económica. Para muchos restaurantes transmitir los partidos implicaba costos adicionales. Las licencias alcanzaban entre 26 mil y 30 mil pesos por sucursal, además de restricciones para promocionar el evento comercialmente. El resultado es una paradoja, al tener un espectáculo diseñado para atraer consumidores que terminó convirtiéndose para algunos negocios en una oportunidad condicionada por costos, permisos y reglas difíciles de absorber.
Pero no todos los sectores han tenido el mismo desempeño. El turismo potosino comienza a mostrar señales positivas. La ocupación hotelera estatal alcanzó un promedio cercano al 62 por ciento y destinos como Real de Catorce reportan niveles de hasta 75 por ciento, impulsados por visitantes nacionales e internacionales que buscan complementar su viaje a sedes mundialistas como Guadalajara y Monterrey.
Ahí aparece una lección importante para San Luis Potosí y el Bajío: la derrama económica no llega automáticamente por tener un gran evento cerca. Llega cuando existe una estrategia para capturarla. Al parecer el turismo ha aprovechado como narrativa clara convertir al estado en un destino alternativo con rutas culturales, gastronómicas y naturales. El comercio de barrio tiene una oportunidad similar, pero necesita organización, inventario, logística y capacidad de respuesta.
El sector empresarial debe leer este fenómeno más allá del futbol. El evento futbolero está funcionando como una prueba de competitividad local. Las grandes cadenas de consumo, distribuidores y proveedores tienen la oportunidad de fortalecer el canal tradicional; los pequeños negocios pueden aprovechar con paquetes especiales, pagos digitales y mejores estrategias comerciales. La pregunta es quién está viendo el torneo como una fiesta y quién lo está viendo como una oportunidad de negocio.
Para los gobiernos municipales y estatales también hay una tarea pendiente, ya que la derrama económica requiere condiciones básicas. Seguridad, servicios públicos eficientes, movilidad y orden urbano son parte de la experiencia del consumidor y del visitante. Un turista no recuerda únicamente un destino por sus atractivos; también recuerda si pudo moverse con tranquilidad, si encontró servicios adecuados y si percibió una ciudad preparada.
Aún hay partidos por jugar y la economía potosina todavía puede marcar goles importantes. Pero la enseñanza inicial es clara: los grandes eventos no benefician a todos por igual. Algunos sectores ya están capturando la oportunidad; otros necesitan ajustar la estrategia. En la cancha económica, como en el fútbol, no gana quien simplemente participa; gana quien llega preparado y se adecua al ritmo y estrategia del juego.