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Más y más, el presidente Trump parece determinado a cambiar la conversación, los temas que enfocan su atención
00:10 sábado 29 agosto, 2026
Colaboradores
A diferencia de Harry S. Truman, ese presidente de mediados del siglo XX que tenía en su escritorio un letrero donde se informaba que la responsabilidad final de su gobierno era suya, el presidente Donald Trump prefiere distraer la atención o culpar a alguien más.
"The buck stops here", decía el letrero de Truman, que gobernó Estados Unidos de 1945 a 1950.
Pero de creer a sus críticos, el lema final del gobierno del presidente Trump es aquella canción que comenzaba con la línea "Si te vienen a contar cositas malas de mí..."
Más y más, el presidente Trump parece determinado a cambiar la conversación, los temas que enfocan su atención y tanto casos como cosas que le permitan desviar la responsabilidad de sus problemas para atribuírsele a alguien más.
A poco más de dos meses de las elecciones legislativas de noviembre, Trump ha comenzado a culpar a los propios republicanos de no ser suficientemente trompistas y, por tanto, de la posibilidad de perder la mayoría en al menos una de las dos cámaras del Congreso federal estadounidense.
Lo normal, al menos de acuerdo con la historia reciente, es que atribuya derrotas electorales a grandes fraudes y registros de votantes trucados.
Esta vez, por cierto, ese argumento no está fuera del libreto, pero sus expresiones más recientes incluyen lo que para algunos es un indicio de presunto "chivo expiatorio".
Los propios republicanos.
"En repetidas ocasiones durante las últimas semanas, Trump ha sugerido que, si los republicanos del Congreso sufren una gran derrota en noviembre, la culpa será de ellos mismos, y ciertamente no de él", consignó.
Trump no parece darse cuenta, o no quiere aceptar, que su popularidad está en niveles históricamente bajos, por debajo ya del 35 por ciento, y que eso arrastra a un partido del que se ha hecho literalmente amo y señor y donde hoy por hoy su palabra es la ley.
Trump ciertamente trata de hacer olvidar una serie de temas que sin duda saldrán a la luz durante las ya inminentes campañas para la elección –o reelección para el caso– de 435 diputados y 33 senadores.
Puede hablarse de la guerra en Irán, de su impacto en la economía y ahora también de la seguridad nacional y la de sus aliados, o de los altos precios de gasolina, del impacto en la agricultura, de la caída en las reservas de proyectiles y municiones especializadas.
Pero la razón del conflicto sigue sin quedar en un solo tema y los anuncios de victoria no logran esconder que el régimen iranì continúa en el poder y en posesión de un arma fundamental: su capacidad de estrangular el tráfico por el estrecho de Ormuz.
Puede hablarse del caso del fallecido financiero Jeffrey Epstein, conocido por su riqueza y el literal tráfico sexual de mujeres adolescentes, con documentos en los que aparece el nombre de Donald Trump.
O de su sangrienta campaña antiinmigrante.
El hecho es que a gustarle o no, los presidentes son responsables de lo que ocurra en sus gobiernos. y no puede, como dice la canción, "manda a todos a volar y diles que yo no fui".
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE1