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Ciertamente, el anuncio del gobierno chileno pareció basado en consideraciones externas, incluso la relación con Estados Unidos
00:10 sábado 28 marzo, 2026
Colaboradores
La sucesión de Antonio Guterres en la Secretaría General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) fue puesta de cabeza el martes, cuando el gobierno chileno anunció el retiro de su respaldo a la candidatura de la expresidenta chilena, Michelle Bachelet, para conducir al organismo.
Y en ese sentido, la decisión de la exmandataria chilena de ir adelante con su candidatura, con respaldo de Brasil y México, parece un poco quijotesca, pero también simbólica de las divergencias y divisiones en América Latina.
Ciertamente, el anuncio del gobierno chileno pareció basado en consideraciones externas, incluso la relación con Estados Unidos, que no parecía entusiasmado con la candidatura de Bachelet. Pero hay también sospechas de que pudo haber razones ideológicas.
El hecho es que el nuevo presidente chileno, José Antonio Kast, no parecía opuesto a la candidatura y no se pronunció durante su campaña electoral ni durante su toma de posesión, el pasado once de marzo.
El encargado del anuncio, el canciller Francisco Pérez McKenna, calificó la candidatura de Bachelet como "inviable", no sin algo de razón, si se considera la postura del presidente Donald Trump y su determinación de ejercer un poder hegemónico sobre la región.
Es cierto, por demás, que como fundador de la ONU y uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, los EU tienen de hecho un poder de veto sobre los candidatos a la Secretaría General. Puede alegarse que el periodo que se inicia en 2026 debería corresponder a América Latina, y que en la región hay demandas específicas de que sea una mujer latinoamericana, pero no hay mucho escrito.
De hecho, ahora casi sería posible apostar sobre las verdaderas posibilidades de que haya Secretario(a) General latinoamericano(a), aunque quedan varias aspirantes, incluso la costarricense Rebeca Grynspan.
Se sabe que Kast se reunió con Bachelet el día 20, tal vez para adelantarle una decisión que en cierta forma afecta la imagen de Chile, pero lo que se sabe es que no informó de la determinación ni a Brasil ni a México, copatrocinadores de la candidatura.
No fue elegante, pero tampoco raro. Es de recordar que en los años del presidente Andrés Manuel López Obrador, el gobierno mexicano tomó también decisiones sin consultar a sus socios –por ejemplo, en 2022 sacudió a la Alianza del Pacífico al negarse a entregar a Perú la presidencia interina–.
Pero en ese y el caso actual, se trata de situaciones en las que nadie gana y en realidad todos pierden.
Bachelet tiene el apoyo expreso de los gobiernos de Brasil y México, lo que no es usual, pero en principio tampoco incorrecto. Sin embargo, es una medida "cuesta arriba".
Falta por ver si podrán obtener apoyo de otras regiones y sobreponerse así a la previsible oposición de regímenes derechistas o del gobierno Trump, cada vez más desconfiado de los organismos internacionales. Es posible, si la elección llega a la Asamblea General de septiembre. Pero falta que sea probable.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE