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La democracia estadunidense, que pareciera haberse detenido con la segunda presidencia de Trump no ha muerto, sigue viva
00:01 martes 31 marzo, 2026
Colaboradores
Washington.- Una moneda conmemorativa de oro de 24 kilates, una moneda de un dólar, su firma en el papel moneda y un arco dorado en la zona de monumentos de Washington, D.C., son algunas de las huellas del narcisismo que el presidente Donald Trump quiere dejar como legado en los Estados Unidos para que jamás olviden de su segunda estancia en la Casa Blanca.
La historia del rey Midas le está quedando corta a Trump.
La celebración de los 250 años de la fundación de los Estados Unidos como nación es el pretexto que usa el actual presidente de este país para que se acuñe la moneda conmemorativa de oro de 24 kilates con su imagen de un lado en la que se le verá como a un emperador detrás de un escritorio y colocando los puños sobre el mueble.
El rostro de perfil de Trump aparecerá también en una moneda de dólar que el Departamento del Tesoro debutará en los próximos días y, lo que nunca los fundadores de Estados Unidos imaginaron se hará realidad: que un presidente en funciones imprima su firma el papel moneda de varias denominaciones del dólar.
Ni Abraham Lincoln, George Washington y Thomas Jefferson, harán sombra a los tributos que en vida el Trump Midas está haciendo para que los estadunidenses y el mundo no se olviden de él.
El narcisismo de Trump Midas no tiene límite y los medios de comunicación independientes y tradicionales de Estados Unidos no paran de dar cuenta de ello. Aunque esto no sirve de nada.
La democracia estadunidense que pareciera haberse detenido con la segunda presidencia de Trump no ha muerto, sigue viva.
Este sábado 28 de marzo más de 7 millones de estadunidenses en más de 3 mil 300 manifestaciones callejeras salieron a protestar contra el estilo imperial y autoritario con el que gobierna Trump Midas.
¿Se materializarán las protestas contra el presidente de Estados Unidos en una derrota para su partido, el republicano, y en una victoria para los demócratas en las elecciones del próximo martes 3 de noviembre?
Es imposible saberlo con precisión en estos momentos.
Las marchas de “No Kings” del sábado pasado serán más memorables que las monedas y billetes con la imagen de Trump Midas.
Esas protestas son una exigencia y recordatorio esencial de lo que significa una democracia: la rendición de cuentas y de que nadie sin excepción está por encima de la ley.
A la segunda presidencia de Trump le quedan de vigencia 33 meses.
Mucho tiempo para que el Midas de Washington se siga adorando pero, las elecciones de medio periodo del martes 3 de noviembre están a 8 meses de distancia. El resultado de lo que decidan ese día los estadunidenses puede ser el freno o la abdicación a Trump Midas.
Sin un Capitolio dominado por los republicanos, el presidente de Estados Unidos tendrá menos margen para cumplirse caprichos narcisistas.
La imagen que proyecta Trump al mundo no es de envidia, es de risa e incredulidad. Su presidencia es testamento de que en las democracias nadie queda descartado para ganar unos comicios.
Hagamos un ejercicio imaginario: un presidente estilo Trump en otro país. ¿Qué diría una Casa Blanca gobernada por un presidente normal?
Se burlaría seguramente e intentaría hacer lo que pudiera para remover al incapacitado para evitar que pusiera en riesgo la estabilidad de la nación que gobernara y la de otros países.
Trump Midas me hace recordar lo ocurrido en Ecuador.
Abdalá Bucaram ganó la presidencia de la nación sudamericana en 1996 pero sus gobernados y Estados Unidos hicieron lo que se debía hacer y en 1997 removieron del poder a un tipo descocado.
Bucaram fue un mal chiste democrático.
Trump puede que sea un error que se corrija el martes 3 de noviembre dejándolo sin un Congreso a modo y a su antojo. Sin embargo, continuará teniendo el control y el mando militar de una de las naciones más poderosas del planeta. Estamos viviendo los peligros que implica el que los estadunidenses pongan el control del Pentágono en manos de un vanidoso con ínfulas imperiales.
Si no fuera por las guerras, invasiones, asesinatos extrajudiciales e injerencias para imponer gobiernos, qué importaría que Trump Midas se haga inmortal con monedas, billetes o monumentos de oro y oropel.
POR: J. JESÚS ESQUIVEL
@JJESUSESQUIVEL