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Pero si en tauromaquia esa exigencia de soledad tiene algún valor, en política internacional es un error
00:10 viernes 20 marzo, 2026
Colaboradores
Un refrán taurino habla de aquel torero que volteó hacia sus subalternos y demandó "dejadme solo". No sé qué tan cierto sea, pero la verdad suena mucho a lo que ha hecho el presidente Donald Trump, a escala global, durante los últimos años.
Pero si en tauromaquia esa exigencia de soledad tiene algún valor, en política internacional es un error. Durante su primer período, entre enero de 2017 y enero de 2020, los ímpetus parecieron restringidos por asesores con conocimiento de diplomacia y con respeto a las leyes de su país, pero en su segundo período, iniciado en enero de 2025, Trump pareció rodearse más bien de cortesanos ansiosos de poder y ciertamente aficionados, que no profesionales, para entrar en los rejuegos de geopolítica y diplomacia.
Y el resultado se nota. El Estados Unidos de Trump parece quedarse solo, sobre todo por una razón de peso considerable: confianza. Pregunte a europeos o asiáticos, ninguno está seguro de que podrá contar con EU a la hora en que se necesite. Hay conciencia de desubicado poderío, pero Trump tiene una relación tirante con sus aliados, sobre todo cuando le resulta conveniente.
Después de todo, su política parece del todo transaccional. Desde el inicio de su primer período, Trump demandó que los aliados estadounidenses, en concreto de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), incrementaran su gasto militar para tener una mayor participación en el costo de la defensa de Occidente frente a Rusia. Los desacuerdos en torno a Groenlandia y las demandas de Trump no ayudan.
Trump presionó, insultó, menospreció a los europeos y ahora, cuando las cosas no parecen irle bien en la no declarada guerra de Irán, se enoja porque los países europeos no saltan jubilosamente a enviar barcos para asegurar el paso de barcos con petróleo por el Estrecho de Ormuz. Para los europeos, el problema es que Trump no entiende cómo funciona la OTAN. No se puede iniciar unilateralmente una campaña de bombardeos y luego invitar –o demandar– a los aliados a llevar a cabo una operación aparte bajo su mando.
Si Trump quiere que la OTAN participe, la OTAN debe tomar el mando, aunque por su peso y el tamaño de su aparato militar, EU tendrá una evidente preferencia y probablemente el mando supremo. Pero lo cortés no quita lo valiente. Fuentes europeas aluden también a la ausencia de información sobre los objetivos estratégicos reales de la Operación Furia Épica.
¿Cuál es el objetivo final? ¿Un cambio de régimen? ¿Contención? ¿Una solución negociada? Algunos diplomáticos, en especial europeos y latinoamericanos, temen que ni el propio Trump lo tenga claro. La evidente desconfianza en el gobierno Trump se refleja en el escaso entusiasmo por poner la suerte de soldados de la OTAN en sus manos y su conveniencia, y menos sin conocer sus objetivos.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE