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Ciertamente, Trump está en el centro de la atención, de su país y del mundo, pero no exactamente por las mejores razones
00:01 domingo 15 marzo, 2026
Colaboradores
De crisis en crisis, de escándalo en escándalo, el presidente Donald Trump parece determinado a ocupar el centro del escenario sin importar consecuencias y si ha logrado terminar alguno de los que ya inició.
Para algunos se trata de una cantidad de riesgos acumulados: de entrada, que la guerra contra Irán se prolongue más allá de las tres o cuatro semanas que el propio Trump vaticinó, con bajas humanas y daños económicos intolerables para un conflicto que la mayoría de los estadounidenses no desea.
De hecho, menos de 40% de los estadounidenses apoya un conflicto que empezó hace una semana, y aunque la mayoría de los republicanos lo hace, hay también un sentimiento generalizado de que hay una parte que no, amén de que hay también irritación porque Trump no ha cumplido bien a bien su promesa de enfocarse en temas domésticos.
Cierto que parecería como si Trump pareciera listo a proclamar su victoria en la campaña contra el régimen islámico de Irán, como le dijo al primer ministro británico Keith Starmer por su presuntamente tardío envío de portaaviones al Mediterráneo. Pero por lo pronto la campaña iraní está lejos de una resolución definitiva, y el mandatario se apresta a enfrentar una lista de problemas al tiempo que sus intereses, o su estilo de gobierno, lo llevan a nuevas complicaciones.
En febrero pasado, hubo una pérdida de 92 mil empleos en vez de un aumento esperado de 60 mil, para complicar más la imagen de una economía atribulada ya por inflación alimentada por aranceles a las importaciones, la caída de la bolsa de valores y ahora, el aumento de precios del petróleo y gasolina debido a la guerra en el golfo Pérsico.
Hay preocupación también por las posibilidades de que el surgimiento de la Inteligencia Artificial (AI) tenga un impacto negativo sobre el ciudadano común.
Y para los republicanos, el riesgo de que todas las apuestas hechas por Trump, desde los excesos y abusos en su campaña de arresto y deportación masiva de inmigrantes indocumentados al nombramiento de funcionarios ideológicamente afines pero ineficientes y hasta corruptos, resulten en una derrota en las elecciones legislativas de noviembre.
Cierto que a veces parece como si la letanía de problemas fuera opacada, o buscará esconder, escándalos que, como los asesinatos cometidos por agentes de la policía migratoria o las acusaciones sobre corruptela, son ya frecuentes en los medios estadounidenses, y sobre todo de la aparentemente inacabable fuente de revelaciones en los documentos del fallecido financiero y traficante de menores Jeffrey Epstein.
Pero también es cierto que Trump parece contar con la lealtad, si no temor o devoción, de alrededor de un tercio del electorado estadounidense y con lo que se ve como un firme comando y control de los instrumentos de poder del gobierno, como FuerzasArmadas, organismos policiales y cuerpos de inteligencia.
Ciertamente, Trump está en el centro de la atención, de su país y del mundo, pero no exactamente por las mejores razones.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE