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Que la presidenta haya sacado del baúl de los recuerdos las consignas antiyanquis que gritaba en su juventud puede animar a algunos
00:10 miércoles 10 junio, 2026
Colaboradores
Entre acusaciones de narcos, solicitudes de extradición, llamados a defender la patria ante los embates de fuerzas extranjeras y advertencias a la oposición para que se ponga a rezar, hemos llegado a los días del Mundial de futbol. Políticamente las cosas también han estado de la patada. El gobierno mexicano no sale del predicamento en que lo puso su socio norteamericano y, muy por el contrario, pareciera que cada día se mete más en el embrollo. La relación bilateral de México con Estados Unidos pasa por sus horas más bajas en mucho tiempo.
Que la presidenta haya sacado del baúl de los recuerdos las consignas antiyanquis que gritaba en su juventud puede animar a algunos y, por supuesto, resulta noticioso pero no parece una buena idea. Sobre todo, porque del otro lado no están precisamente los tipos más comprensivos y solidarios. Muy por el contrario, el gobierno mexicano se las tiene que ver con lo más duro de la política estadounidense. Creer que el discurso de que en México gobiernan los cárteles del narcotráfico es una ocurrencia de la ultraderecha gringa, es un error. Es un tema bastante extendido y que tiene sus anclas también en un buen sector del partido y de los votantes demócratas. Es un asunto que no se va a ir con las elecciones de noviembre en el país vecino.
La presidenta Sheinbaum, en sus arengas antiimperialistas, decidió dirigir dardos al embajador norteamericano Ronald Johnson, cuya trayectoria lo proyecta como un personaje listo para el combate en cualquier momento, lo que no sucede del lado mexicano. La presidenta tiene un canciller nuevo que tendrá que mostrar que no le queda grande el saco si es que llega ponérselo. El partido de la presidenta consideró que no era importante contar con un embajador en Estados Unidos y aplazó la toma de protesta del recién palomeado nombramiento. Así que en efecto, parece que la presidenta está sola en su lucha contra las fuerzas injerencistas -como les dice ella-, pues no tiene ni embajador.
Son días lluviosos en la CDMX y en Morena. Al caso de Rubén Rocha Moya y Enrique Inzunza hay que sumarles el de Alfonso Durazo y Américo Villarreal y, como dicen por ahí, “más los que se acumulen”. En las elecciones dominicales en Coahuila el PRI arrasó con Morena. De los distritos en juego, los del partido oficial no ganaron uno solo. Esas elecciones se le habían encargado al señor Andy pero renunció unas semanas antes de los comicios. Bien raro.
Como quiera que sea, tanto a la presidenta como a los que estamos de este lado de la comunicación nos caerá muy bien la pausa mundialista. Dejaremos de hablar unos días de los desastres cotidianos y entraremos en dinámica deportiva y nacionalista sin exclusiones. Todos pendientes de los juegos de la selección mexicana y del espectáculo que den los demás. Será sano para todos. El reto será ver cuánto aguantamos sin hablar de política, pero por lo pronto dispongámonos a disfrutar que estas pausas son cada cuatro años.