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La indignación, legítima desde el punto de vista arquitectónico, resulta éticamente cuestionable
00:10 jueves 2 abril, 2026
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El ocho de marzo en San Luis Potosí dejó al descubierto, una vez más, la escala de prioridades en la sociedad ¿hemos avanzado? Ahí está la respuesta de todos los que se ofenden que las mujeres tomen las calles el Día de la Mujer.
Mientras el eco de las consignas de miles de mujeres aún resuena en las canteras de los edificios del Centro Histórico, un sector de la feligresía católica y voces conservadoras han alzado el grito al cielo, no por las cifras de feminicidios, de lesiones, de desapariciones, sino por los destrozos en el templo de La Compañía y la cruz fundadora.
A través de un desplegado, fieles católicos reprocharon la "nula intervención" para proteger los templos durante la movilización del Día Internacional de la Mujer. La indignación, legítima desde el punto de vista arquitectónico, resulta éticamente cuestionable cuando se pone en una balanza frente a la rabia digna de quienes exigen justicia, mujeres que han sido vejadas, que han sido acosadas sin importar la edad. Quienes llevan la cicatriz de una agresión sexual o hasta de un comentario en las calles, de un ‘agarrón’ en el antro, de una violación de un familiar. Las violencias son tantas que no tendríamos suficiente espacio para consignarlas.
El dictamen del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) es preciso: la reparación del templo de La Compañía, en la calle Álvaro Obregón, asciende a un millón 988 mil 736 pesos. Es una cifra considerable, sí. Pero, ¿cuánto cuesta la vida de una potosina? ¿De verdad es comparable? Soy creyente, tengo fe, y por eso sé que no se compara, porque como mujer formo parte de una y otra y otra cifra de acoso, de hostigamiento, de abusos.
Una respuesta positiva y pensante se ha dado por parte del secretario general de Gobierno, J. Guadalupe Torres Sánchez, quien ante los medios de comunicación respondió: “No se debe perder de vista las causas de la molestia de las mujeres”.
La postura de las instituciones religiosas y de los defensores a ultranza de la piedra parece ignorar que un edificio histórico, por más sagrado que se le considere, es una estructura inerte. En cambio, las mujeres que marchan son el presente y el futuro vivo de nuestra entidad, son las mujeres que forman una sociedad, y que no será sana, si siguen siendo dañadas, y si esas quejas no se escuchan, no hay ni esperanza de un cambio.
Preocuparse más por los techos y las fachadas que por la integridad de las potosinas es un síntoma de una sociedad que no entiende, y tiene que entender, porque ya no tenemos tiempo de esperar a que lo hagan, y lo que es más, no queremos darles esta concesión. La Iglesia y los sectores inconformes tienen derecho a pedir respeto por sus inmuebles, pero tienen la obligación moral de sumarse a la exigencia de que no falte ni una mujer más.
Para cifras, números, el informe de violencia contra las mujeres. Incidencia delictiva y llamadas de emergencia al 911, de enero a febrero 94 mujeres han sido víctimas de feminicidio. 225 mujeres en el primer bimestre del año han sido víctimas de homicidio doloso. De lesiones dolosas, esas que llegaron a una denuncia son más de 11 mil. De lesiones dolosas son tres mil 464.