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¿Con qué autoridad moral priistas, panistas, morenistas y miembros de los demás partidos que han gobernado pueden lanzar la primera piedra?
00:10 martes 12 mayo, 2026
Colaboradores
Washington.- Seamos claros: el narcotráfico no podría existir sin la corrupción gubernamental, policial, militar y sin la colaboración de empresas e instituciones bancarias y financieras para lavar los activos procedentes del negocio. Esta premisa se aplica en todo el mundo.
Todos los políticos y ex políticos mienten y cuando están en el poder, aunque los agarren con las manos en la masa, se declaran inocentes.
Encontrar a un servidor público honesto en México no es complicado; es complicadísimo. Son una especie en peligro de extinción.
Dicho todo lo anterior, y al revisar la problemática del narcotráfico de nuestro país de los últimos 50 años, serían pocos, muy pocos los funcionarios y ex funcionarios de todos los partidos que nos han gobernado que no están embarrados de culpa, directa o indirectamente.
¿Con qué autoridad moral priistas, panistas, morenistas y miembros de los demás partidos que han gobernado pueden lanzar la primera piedra?
La radiografía más significativa de la narco corrupción mexicana tiene como máximos exponentes -por obra del hipócrita sistema judicial de los Estados Unidos que exime a criminales y asesinos de la peor calaña-, nos presenta a Genaro García Luna, Salvador Cienfuegos Zepeda, Tomás Yarrington, Mario Villanueva Madrid, Eugenio Hernández Flores, Cesar Duarte Jáquez y Rubén Rocha Moya. Desconocemos cuántos más se integrarán a esta lista de personajes decentes y honrados.
Ni duda cabe que en el sexenio de Felipe Calderón, su amigo, asesor, confidente, mano derecha y Secretario de Seguridad Pública, García Luna, era aliado y protector del Cártel de Sinaloa. Este tecleador en 2009 publicó en Proceso una entrevista con Tony Placido, entonces jefe de las operaciones de inteligencia de la DEA, quien señaló los nexos de García Luna con el narcotráfico y aunque el acusador estaba registrado con nombre y apellido, todos en el gobierno de Calderón me acusaron de mentiroso y algunos colegas hicieron eco. El tiempo me dio la razón.
Esta semana, Arturo Sarukhán, el ex embajador de México en Estados Unidos durante todo el sexenio de Calderón, se lanzó a criticar al gobierno mexicano de Claudia Sheinbaum, a medios de comunicación y “periodistas” acólitos por la defensa que hacen de Rocha Moya.
Frustrado por su realidad al quedar marginado de su ambición de vida de estar al frente de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Sarukhán padece de la enfermedad de memoria selectiva.
Claro que tiene razón Sarukhán en marcar con énfasis que la narco corrupción puede ser innegable en Rocha Moya, otros funcionarios y ex funcionarios sinaloenses; sin embargo, él carece de autoridad moral para apedrear a pecadores.
El ex embajador venido a menos, conforme al paso de los años, se pasó todo el sexenio de Calderón manejando desde Washington la relación con el gobierno de Estados Unidos. Fue el filtro de las comunicaciones con la DEA, el FBI, la CIA, el Pentágono, Departamento de Estado, Departamento de Justicia, demás dependencias y agencias federales estadunidenses. Con semejantes funciones, increíblemente Sarukhán, al igual que Calderón, nunca supieron nada ni escucharon nada de lo que tenía entre manos el Departamento de Justicia, la DEA y el FBI con respecto a García Luna.
Por encima de tamaño monumento a la narco corrupción en México, Sarukhán se arrinconó en su silencio y memoria selectiva. Hasta donde sabemos, públicamente el ex embajador se abstiene de abrir el boca para hablar u opinar de García Luna, con quien se pavoneaba en la capital estadunidense en las visitas oficiales que hizo el narcotraficante convicto y sentenciado por el juez federal Brian Cogan, en la Corte Federal del Distrito Este en Brooklyn, Nueva York.
El ex embajador calderonista tiene todo el derecho del mundo de opinar sobre todo lo que quiera haciendo eco de su frustración.
La mancha que no se puede quitar Sarukhán, aunque se talle la piel con piedra pómez, es la inocencia -por decirlo con la mayor decencia posible-, con la que se burla de nosotros los mexicanos.
Si es tan transparente y objetivo, que hable de lo que supo y escuchó de García Luna en su misión como representante diplomático de México en Washington. Nunca es tarde y menos cuando se trata de develar la corrupción por narcotráfico que hubo y sigue habiendo en el país.
POR: J. JESÚS ESQUIVEL
@JJESUSESQUIVEL