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La desinformación, la invasión del hábitat y el incumplimiento de medidas preventivas incrementan el riesgo de incidentes en la región
01:50 jueves 2 julio, 2026
Jalisco
La reciente muerte de un turista tras una interacción con un cocodrilo en una playa de Puerto Vallarta volvió a colocar sobre la mesa el debate sobre la convivencia entre humanos y fauna silvestre. Sin embargo, para la bióloga Lesly Solís, integrante de SOS Cocodrilo Nayarit, de la Comisión de Interacciones Humano-Cocodrilo y del Grupo Especialista de Cocodrilos en México, la solución no pasa por eliminar a estos reptiles, sino por fortalecer la prevención, la educación ambiental y el respeto a los ecosistemas.
La especialista expresó primero sus condolencias a la familia de la víctima y subrayó que quienes trabajan en la conservación de la especie nunca anteponen la vida de un animal a la de una persona. "Nunca vamos a preferir más a los animales que a las personas. Nuestro objetivo es que ambas especies puedan coexistir de manera segura en un entorno donde todos formamos parte del mismo ecosistema", señaló. Explicó que la temporada de lluvias incrementa la presencia de cocodrilos en playas y zonas costeras debido a diversos factores naturales. Las corrientes de agua arrastran a los ejemplares desde ríos y esteros hacia el mar, mientras que la mezcla de agua dulce con agua salada favorece que permanezcan más tiempo cerca de la costa. A ello se suma que actualmente las hembras resguardan a sus crías tras la temporada de nacimientos, por lo que su comportamiento puede ser más defensivo. Solís rechazó además la idea de que exista una sobrepoblación de cocodrilos en la región. "Los estudios científicos demuestran que no hay una sobrepoblación. Sus poblaciones se regulan de manera natural y los desplazamientos que observamos obedecen principalmente a la pérdida y modificación de su hábitat", explicó. La especialista sostuvo que el crecimiento urbano, los desarrollos turísticos y los asentamientos irregulares han reducido considerablemente los espacios naturales donde habita la especie, obligando a muchos ejemplares a desplazarse hacia zonas donde antes no eran vistos. Consideró que atender esta problemática requiere la participación conjunta de autoridades federales, estatales y municipales, así como del sector hotelero y de la sociedad. Asimismo, llamó a fortalecer la coordinación entre Puerto Vallarta y Bahía de Banderas, al considerar que ambas ciudades conforman una misma región ambiental.
"Para los cocodrilos no existen fronteras políticas. Es indispensable que ambos municipios trabajen bajo estrategias y mapas de riesgo unificados para reforzar la prevención", indicó. Entre las zonas donde existe presencia permanente o frecuente de cocodrilos mencionó la desembocadura del río Ameca, Boca de Tomates, el estero Boca Negra, Playa Holi, el río Cuale, el canal de Los Tules y diversos cuerpos de agua cercanos a campos de golf. Aunque reconoció que ya existen señalamientos preventivos y protocolos de actuación, lamentó que muchas personas ignoren las advertencias e incluso vandalicen la señalización. "Hay personas que entran al agua justo al lado de un letrero que advierte la presencia de cocodrilos. También vemos gente intentando tocar, alimentar o acercarse a los animales, lo que incrementa considerablemente el riesgo", comentó. La bióloga enfatizó que uno de los errores más frecuentes consiste en alimentar a los cocodrilos, ya que esto modifica su comportamiento natural y provoca que asocien la presencia humana con alimento. También recomendó evitar ingresar a cuerpos de agua al amanecer, al atardecer y durante la noche, respetar las banderas moradas colocadas por Protección Civil, mantener una distancia mínima de diez metros de cualquier ejemplar y nunca introducir mascotas en zonas donde existe presencia de estos reptiles. Respecto al manejo de los ejemplares involucrados en incidentes, explicó que existe un protocolo técnico encabezado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), que contempla investigaciones, monitoreo, entrevistas, evaluación del comportamiento del animal y análisis del contexto antes de determinar si procede una captura, reubicación o confinamiento. Finalmente, Lesly Solís advirtió que este tipo de sucesos suele provocar represalias contra la especie mediante la caza ilegal de cocodrilos, una práctica que no resuelve el problema. "Matar un cocodrilo no evitará que vuelva a ocurrir una interacción. La única forma de reducir estos incidentes es mediante la información, la prevención y el respeto por el hábitat de la fauna silvestre", concluyó.