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El presidente Donald Trump se quejó de que sus negociaciones con Irán han sido obstaculizadas por el debate interno en Estados Unidos
00:10 miércoles 3 junio, 2026
Colaboradores
El mismo mandatario anunció varias veces ya la victoria estadounidense en una guerra que, iniciada a fines de febrero con la abierta esperanza de que fuera un paseo militar, se convirtió en una pesadilla, al hacer evidente que el régimen iraní puede usar el estrecho de Ormuz como un arma capaz de desestabilizar la economía mundial.
En la más reciente variación, el gobierno iraní anunció su retiro de negociaciones y elevó la presión al provocar así un surgimiento en los precios del petróleo.
Tal como están las cosas ahora, se puede decir que Estados Unidos, o más bien el gobierno Trump y sus aliados, ganaron todas las batallas, pero de momento al menos, parecen perder la guerra.
De hecho, la actitud de Trump parece una aplicación más de uno de sus principios básicos: proclamar triunfo sin importar qué tan profundos sean sus problemas.
El hecho en todo caso es que las consecuencias de la guerra con Irán ponen al mandatario en problemas múltiples.
De entrada, el estrecho de Ormuz es el paso para 20% del suministro mundial de petróleo y alrededor de un tercio de los fertilizantes. Las reverberaciones del cierre de tráfico por dos meses se sienten ya en los costos de gasolina, los suministros a granjeros y, por tanto, en los precios al consumidor, y no solo en Estados Unidos.
Y de paso, el gobierno iraní se dio cuenta de que puede usar su posición geográfica como un arma.
Peor aún, si Trump buscaba un cambio de régimen luego de las matanzas atribuidas al régimen iraní durante manifestaciones contra el régimen, hoy los ataques realizados contra Teherán parecen haber consolidado a una nueva generación de líderes tanto o más socialmente retrógrados y autoritarios.
Las consecuencias son muchas.Ciertamente, lo más importante para Trump es reducir el impacto doméstico, que en este momento es negativo: su popularidad está en 34 por ciento, en buena parte por el impacto económico de una guerra que los estadounidenses no quieren ni entienden, pero sufren.
Muchos estadounidenses, incluso republicanos, reprochan a Trump su manejo del conflicto y sobre todo que se haya lanzado en lo que bien podría ser algo que prometió evitar: involucrarse en problemas internacionales y "guerras eternas".
Pero la guerra representa también otra faceta del estilo Trump. El mandatario nunca consultó con otros aliados, en especial los europeos o los países árabes del Golfo Pérsico.
En el caso de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se quejó de que no lo apoyaron, pero también afirmó que no los necesitaba. Los países árabes, en especial los Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Kuwait, sufrieron ataques de proyectiles y drones iraníes dirigidos en principio contra las bases estadounidenses ahí.
Y eso pone otro tipo de mella en la imagen estadounidense.