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¡Viva la Cuarta Transformación de la Vida Pública!
00:10 sábado 30 mayo, 2026
Colaboradores
El Doctor Patán saltó de alegría al ver a nuestra jefa de Gobierno inaugurando baños públicos. No es que le falten logros a nuestra Clara. Aquí a su Doctor le parece que los ajolotes y los puentes morados le dieron un levantón a la Ciudad de México, que recibirá a los cientos de miles de turistas mundialeros con toda su galanura. Guapísima. Pero los baños son una aportación muy a la altura de La Señora de la Utopía, como le llamamos en el movimiento. Una aportación que no admitía posposiciones.
Reconozco que para mí esto de los baños impolutos, una política de Estado en la que fue un visionario mi Cuitláhuac, con las gasolineras veracruzanas, tiene un significado muy nacido del individualismo. Casi diré: del egoísmo. No quiero convertir este espacio en una tribuna autorreferencial, pero debo decir que soy, desde muy pequeño, terriblemente maniático cuando se trata de usar un WC. O sea: sí, sobreviví a la licenciatura en los baños de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, que son el lugar más repugnante del planeta, pero los sufrí, créanme, más que nadie, y ese sufrir me sigue acompañando a todas partes. Así que ver esos cubos metálicos llenos de motivos –qué más– prehispánicos, que con su colibrí, que con sus flores, que con su –obvio– axolótl, me ha llenado de esperanza. De pulsión utópica.
¿Que el proyecto está lleno de dudas y limitantes? Pues sí. Una limitante, por ejemplo, es que, nos explica la compañera Clara, siempre apegada a la minucia técnica, se lavan cada cinco usos. Está bien, salvo que, como dice un colega de “El Heraldo”, eso te obliga a usarlos o la primera vez, o la sexta, y nunca en las cuatro entre una y otra. Ni modo: cosa de contar y ceder o incluso comprar lugar en la fila para llegar post sanitización. Luego están las dudas. Los ajolotes, ¿se limitan al exterior, o habrá uno pintado enfrente del excusado, para darle vida a la experiencia? ¿Y los cestos de basura? ¿Son también ajolotitos y echas el papel de manos –nunca el higiénico, Cristo Redentor– por la boca de esa criatura entrañable? ¿Y el jabón? ¿Gel morado, o pastillitas, por supuesto moradas, tipo hotel de paso, con forma de ajolote, incluidas en el precio?
Ah, y la más importante: el método de pago. Ya nos explicó la camarada que puedes usar a tal fin tu tarjeta de “movilidad”, pero, con la emoción del momento, muy entendible, no fue muy precisa con el resto de su explicación. No queda claro si los siete pesos los puedes pagar también con tarjeta bancaria y efectivo, o si es la tarjeta de movilidad la que puedes pagar con esos métodos. En esencia, querida jefa de Gobierno, mi duda es: ¿me sirve la American de metal que llevo en la cartera, onda salón VIP de los que le gustan al Noroña que ya no usa coladeras?
Como sea, ¡viva la Cuarta Transformación de la Vida Pública!
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09