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“…una pequeña secta judía, fundada por unos pescadores analfabetos, unida por una creencia absurda por la cual ninguna persona razonable hubiera dado"
00:10 lunes 6 abril, 2026
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Los días santos siempre nos ponen en circunstancias poco reflexivas: las vacaciones, los amigos, las actividades para los hijos, las reuniones sociales, la intención de vivir la vacación al límite. Está bien, es lo que hacemos ahora que las posibilidades del descanso se asoman. Sin embargo, pueden ser días también de dedicarle unos ratos a la lectura de un buen libro. En esta ocasión sugiero algo que tiene un vínculo ineludible con el motivo del asueto: la vida y muerte de Jesús. El Reino, de Emmanuel Carrere (Ed. Anagrama), no solo es un gran libro, es la narración de su conversión al catolicismo. Son páginas intensas llenas de revelaciones personales, pero también de historia. Carrere nos lleva a ver otro lado de San Pablo y San Lucas. Como se sabe Pablo, que no fue de los 12 apóstoles fue el gran difusor del mensaje de Jesús más allá de la tierra donde sucedió todo y Lucas, apóstol y evangelista, pone en su pluma un estilo periodístico notable. Se trata de un testimonio, una investigación y un relato. Un libro sin desperdicio al cual hay que asomarse. Aquí unos subrayados para que se animen. “…la crónica detallada de una historia mucho menos conocida: el modo en que una pequeña secta judía, fundada por unos pescadores analfabetos, unida por una creencia absurda por la cual ninguna persona razonable hubiera dado un sestercio, devoró desde el interior, en menos de tres siglos, al imperio romano y, contra toda verosimilitud, perduró hasta nuestros días”. “Que es mejor ser bueno que malo, altruista que egoísta no era obviamente una novedad, ni era algo extraño a la moral antigua. Griegos y judíos conocían la regla de oro, de la que Hillel, un rabino contemporáneo de Jesús, decía que se resumía ella sola toda la Ley: ‘No hagas a otro lo que no quieras que te hagan’. Que es mejor ser modesto que jactancioso no es tampoco nada extraordinario. Humilde que soberbio: pase, es un lugar común de la sabiduría. Pero yendo de una cosa a otra, si se escuchaba a Pablo uno llegaba a decir que era mejor ser pequeño que grande, pobre que rico, enfermo que saludable, y llegado a este punto, el espíritu griego ya no comprendía nada, mientras que los recién convertidos se exaltaban con su propia audacia”. “No, no creo que Jesús haya resucitado. No creo que un hombre haya vuelto de entre los muertos. Pero que alguien lo crea, y haberlo creído yo mismo, me intriga, me fascina, me perturba, me trastorna: no sé qué verbo es el más adecuado. Escribo este libro para no imaginarme que sé mucho más, sin creerlo ya, que los que creen, y que yo mismo cuando lo creía. Escribo este libro para no abundar en mi punto de vista”. “Hay en el interior de cada uno de nosotros una ventana que da al infierno, hacemos lo que podemos para no acercarnos, y yo, por mi cuenta, he pasado siete años de mi vida estupefacto delante de esa ventana”. Más allá de la religión que se tenga, vale la pena dimensionar el resultado de la corta vida de un solo hombre que sigue siendo un eje para gran parte de la humanidad. POR JUAN IGNACIO ZAVALA @juanizavala