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La relación y cooperación con la DEA se rompió y se mandó al congelador por órdenes del expresidente Andrés Manuel López Obrador
00:01 martes 24 marzo, 2026
Colaboradores
Washington.- La visita de Omar García Harfuch a Washington y su presencia en las oficinas centrales de la DEA, rompieron el hielo que el gobierno de México había interpuesto a los 70 policías antinarcóticos de Estados Unidos asignados a nuestro país.
La fotografía del secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana con Terry Cole, el administrador de la DEA, expone la decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de abrir un nuevo capítulo en la lucha bilateral contra el narcotráfico obligada por la presión y amagos de Donald Trump, de ordenar un ataque militar contra los cárteles del narcotráfico dentro del territorio mexicano.
La relación y cooperación con la DEA se rompió y se mandó al congelador por órdenes del expresidente Andrés Manuel López Obrador, cuando descubrió que los policías antinarcóticos tenían metida la nariz hasta en los lugares más recónditos en materia de seguridad nacional y, sobre todo, por el arresto del general Salvador Cienfuegos Zepeda.
AMLO cambió la Ley de Seguridad y con ello condicionó la presencia y permanencia de la DEA en México a que mes con mes entregara a la Secretaría de Relaciones Exteriores un reporte sobre las actividades y movimientos en territorio mexicano de sus agentes.
Esta condición se mantiene vigente; por lo menos en el papel.
García Harfuch llegó a la DEA a hablar de cooperación sin sumisión e indirectamente a bajar el tono de Trump de que la presidenta Sheinbaum le tiene temor a los cárteles. El abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), es un hecho inobjetable para demostrarle a Trump lo contrario.
La subordinación que la DEA ejerció en México gracias a la licencia que le dio Felipe Calderón y a la que AMLO le puso freno, no se revive con el encuentro de García Harfuch y Cole.
El mensaje de cooperación que ambos difundieron en sus redes sociales junto a la fotografía carece del trasfondo y esencia más importante de lo que seguramente hablaron en materia de trabajo y de lo cual no nos enteraremos porque ambos no permiten que la prensa los cuestione al respecto, pese a que debería ser su obligación hacerlo.
También García Harfuch se reunió en Washington con Kash Patel, el director de la FBI, pero a diferencia de la DEA, el gobierno mexicano le tiene un poco más de confianza a esta dependencia estadunidense que a la encargada de contener el tráfico de drogas.
Por ahora, con Trump no hay alternativa. Tiene desplegados a más de 10 mil soldados en la frontera sur de su país bajo la supervisión del Comando Norte. Vimos lo que hizo el Pentágono con Nicolás Maduro en Venezuela y lo que está haciendo en Ecuador con el Comando Sur, amén de las ejecuciones extrajudiciales y destrucción de embarcaciones en aguas del Caribe y el Pacífico. No hay necesidad de arriesgar a locuras imperialistas la soberanía de México si además ayuda a aprovecharnos de la tecnología gringa y de sus tentáculos de espionaje para atrapar o eliminar a criminales que, por la demanda de drogas en Estados Unidos, han provocado un reguero de sangre por todo el país.
A estas alturas del partido, la presidenta Sheinbaum, pero sobre todo García Harfuch, son conscientes de dos características inobjetables de la DEA: sus dirigentes y sus policías. Una, que son traicioneros, y dos, que no hay que creerles ni los buenos días.
Cómo olvidar los apapachos y reconocimientos que la DEA le dio e hizo a Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública en el sexenio de Calderón. El en su momento apodado como súper policía de México purga una condena de 38 años de cárcel en Estados Unidos, cortesía de la DEA. Tampoco se puede borrar de la memoria el arresto en octubre de 2020 en Los Ángeles, California, del general Cienfuegos Zepeda, cuya devolución a México sin exoneración de los delitos que le imputaron, se dio gracias a que AMLO amenazara al Departamento de Justicia, que irónicamente en ese entonces también era parte de la presidencia de Trump, de que si no lo hacía saldrían expulsados del país sus 70 agentes.
Con la DEA no se puede tener tranquilidad, es imposible.
Para justificar su fracaso en la guerra contra las drogas, la DEA hace acuerdos y perdona los pecados a quienes persigue y jura que son lo peor de lo peor de la criminalidad narca. Lo grave es que a esos delincuentes, la DEA los utiliza para asestar puñaladas por la espalda a sus “amigos”.
POR: J. JESÚS ESQUIVEL
@JJESUSESQUIVEL