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Tras la protesta reciente, trabajadoras denuncian continuidad de presiones y piden diálogo institucional
01:50 martes 7 abril, 2026
San Luis
A varios días de la manifestación pacífica realizada por personal de la Guardería Infantil No. 001 del IMSS en San Luis Potosí, trabajadoras del centro continúan señalando un entorno laboral tenso, marcado —según sus testimonios— por presiones constantes, vigilancia excesiva y temor a represalias. Las inconformes, varias de ellas bajo condición de anonimato, sostienen que el malestar no solo persiste, sino que se habría intensificado después de hacer pública la situación.
De acuerdo con los testimonios recabados, el punto de quiebre fue el despido de una trabajadora que parte del personal considera injustificado, en un contexto donde también refieren desgaste emocional acumulado por el ambiente interno, la relación con algunos usuarios y la forma en que se supervisa al personal. Entre los señalamientos, mencionan que herramientas de seguridad como las cámaras de vigilancia, pensadas originalmente para proteger a niñas, niños y personal, estarían siendo utilizadas de manera que ellas consideran adversa para su desempeño laboral y su certidumbre dentro del centro de trabajo.
Las trabajadoras aseguran que, pese al conflicto, el servicio se ha mantenido en operación por responsabilidad profesional y para no afectar la atención a la niñez usuaria. Sin embargo, subrayan que continuar laborando bajo protesta no resuelve el fondo del problema: la necesidad de garantías mínimas para ejercer sus funciones en un entorno de respeto, seguridad y claridad institucional. Lo que está en juego, insisten, no es únicamente una inconformidad interna, sino las condiciones bajo las que se sostiene diariamente un servicio de cuidado infantil altamente sensible.
En su posicionamiento público, el IMSS informó que la atención en la guardería se desarrolló con normalidad y que ya se sostuvo una reunión con el personal para escuchar sus inquietudes, además de reiterar que existen mecanismos institucionales para canalizar este tipo de asuntos. No obstante, las trabajadoras consideran que hasta el momento no se ha traducido en un proceso de atención suficiente ni en una ruta clara de solución, por lo que mantienen el llamado a abrir un diálogo efectivo y con seguimiento real.
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El caso también deja ver una tensión estructural poco visible fuera de estos espacios: cuando el personal que cuida, contiene y acompaña a la primera infancia comienza a trabajar bajo presión sostenida, el problema deja de ser estrictamente laboral y se convierte en un tema de operación institucional. Por ello, la exigencia de las inconformes no apunta únicamente a resolver un conflicto interno, sino a evitar que el desgaste, la incertidumbre y la falta de canales confiables de atención se normalicen dentro de un servicio que requiere estabilidad, confianza y respaldo permanente, buscando siempre el beneficio de las y los niños.