Vínculo copiado
#ESNOTICIA
#ESNOTICIA
PISA no mide el futuro de México: revela quién lo está preparando
00:10 jueves 10 septiembre, 2026
Colaboradores
Hay resultados que deberían incomodar más en las oficinas donde se diseñan los presupuestos que en las escuelas donde se presentan los exámenes. Que 4 de cada 10 estudiantes mexicanos de 15 años estén por debajo del nivel básico en ciencias, lectura y matemáticas, y que matemáticas haya caído hasta 388 puntos, no es solamente un problema educativo: es una señal de alerta para la economía que México quiere construir. El país está incorporando más jóvenes al sistema educativo, pero ahora tiene que resolver la pregunta incómoda: ¿qué estamos enseñándoles realmente y qué tan preparados están para competir por los empleos que ya existen?
Porque aquí aparece la parte que suele quedarse fuera del comunicado oficial. Las empresas no pueden contratar diplomas; necesitan personas capaces de leer información, entender procesos, resolver problemas, interpretar datos y aprender nuevas tecnologías. Si siete de cada diez empresas tienen dificultades para encontrar candidatos adecuados, mientras sectores como manufactura, automotriz, construcción, logística y tecnología siguen demandando talento, el problema deja de ser exclusivamente escolar y se convierte en un asunto de competitividad nacional. Y hay un costo que alguien está pagando: cuando una compañía tiene que capacitar desde cero a un recién egresado, ese gasto termina saliendo de su presupuesto y representa tiempo que podría destinarse a innovación, expansión o mejores salarios.
Para el Bajío, la advertencia es todavía más seria. San Luis Potosí, Querétaro, Guanajuato y Aguascalientes han construido buena parte de su crecimiento alrededor de la industria, la proveeduría, la logística y la llegada de capital nacional y extranjero. Pero el nearshoring no se gana únicamente con terrenos industriales, carreteras, parques y estímulos fiscales. También se gana con talento. Una planta puede llegar por la ubicación y quedarse por la productividad; pero si no encuentra técnicos, ingenieros, supervisores y jóvenes con capacidades matemáticas y digitales suficientes, tarde o temprano buscará soluciones en otra parte. Y eso también tiene una dimensión social: si la economía regional genera empleos cada vez más sofisticados, pero una parte importante de los jóvenes no logra adquirir las competencias para acceder a ellos, el crecimiento puede coexistir con desigualdad.
Lo más preocupante, sin embargo, sería utilizar PISA como arma partidista. La educación no pertenece a un sexenio ni puede corregirse con un cambio de discurso. Hay decisiones que deben tomarse ahora: fortalecer matemáticas, ciencias y comprensión lectora desde secundaria; dignificar y capacitar permanentemente a los docentes; mejorar infraestructura; recuperar la atención dentro del aula y enseñar a utilizar la inteligencia artificial como herramienta para pensar, no como sustituto del pensamiento. En San Luis Potosí hay una oportunidad enorme para conectar escuelas, universidades, tecnológicos y empresas: formación dual, prácticas profesionales, certificaciones industriales y programas de talento regional pueden convertir una debilidad nacional en una ventaja competitiva local.
¡Hasta mañana!