Vínculo copiado
#ESNOTICIA
#ESNOTICIA
Hay algo triste en la forma en que compartimos opiniones alrededor de una mesa hoy en día
00:10 viernes 20 marzo, 2026
Colaboradores
Hay un momento casi imperceptible en ciertas conversaciones: nadie levanta la voz, nadie abandona su lugar, pero algo se rompe; y de pronto ya no estamos dialogando, estamos repitiendo. Cada quien dice, con distintas palabras, exactamente lo mismo que ha dicho siempre. Hay algo triste en la forma en que compartimos opiniones alrededor de una mesa hoy en día y es escuchar a las personas de siempre con sus argumentos de siempre , lo que termina por vaciar cualquier intento de entendimiento. Esta semana empecé a leer 'El principio del placer', de José Emilio Pacheco, y su epígrafe se me quedó dando vueltas más tiempo del que esperaba:
“En todo terreno ser sólo permanece y dura el mudar; lo que hoy es dicha y placer mañana será amargura y pesar” No fue solo una advertencia literaria sobre lo que vendría en el libro; fue, más bien, un recordatorio. Una especie de sacudida frente a la responsabilidad que implica informarnos, opinar, escribir -y también escuchar- en un entorno donde todo cambia, excepto nuestras certezas. En los últimos años me ha tocado ver -y escuchar- a quienes defienden una postura como si moverse fuera rendirse; como si cambiar de opinión implicara traicionarse. Y en ese intento por permanecer intactos, terminan por descalificar todo aquello que contraviene esas posturas. No hay duda, no hay matiz, no hay apertura. Omiten algo esencial y es que el mundo no es estático y el pensamiento definitivamente cambia con él; es incluso una forma de construirnos mejor. Esta semana escuché decir, sin prueba alguna, que el IMCO tiene sesgo político; no respondí. No por falta de argumentos, sino por la sensación de desgaste que produce discutir desde lugares donde la evidencia ya no importa. En un país donde el acceso a la información ha sido debilitado, donde los contrapesos se diluyen, reducir a nada a espacios de investigación como IMCO, México Evalúa, Integralia o Causa en Común no es solo una postura, sino una renuncia a la investigación hecha y derecha.
Lo más inquietante no es la diferencia de opiniones; es la elección de las batallas. Se discute con intensidad lo que no nos toca, lo que no nos atraviesa, lo que no transforma nada en lo inmediato; mientras tanto, lo importante queda fuera de la mesa. La reforma electoral, la impunidad, la vivienda, la salud, la educación, las madres buscadoras. Todo eso ocurre al mismo tiempo que nosotros decidimos quedarnos en debates estériles, sostenidos -muchas veces- con datos viejos o, peor aún, sin datos.
Incluso lo que sucede fuera del país termina por afectarnos -la guerra en Oriente, la visita de los nórdicos, de los alemanes, los autos chinos y las coreas-; pero preferimos la comodidad de lo ya dicho, de la cifra reciclada, de la consigna repetida. Porque eso sí, es más fácil sostenerse que moverse; y es aún más fácil reafirmarse que pensar de nuevo. Quizá por eso la lectura de Pacheco cala; porque recuerda algo que solemos evitar. ¿A qué me refiero? La juventud, con todas sus certezas, también es el territorio del error; y crecer implica aceptar que lo que hoy defendemos mañana puede resultar insuficiente. Aferrarse no es convicción, sino miedo a moverse. Y en un país que cambia todos los días, pensar distinto no debería ser una traición, debería ser una responsabilidad. Terminé de leer ese día con la sensación de haber llegado a un punto de quiebre; cerré el libro, puse mi playlist y -como si fuera una artimaña de mis amigos poetas- todo parecía empujar hacia el mismo lugar. Entonces apareció Joaquín Sabina, como si hubiera estado esperando su turno, y entendí que no se trataba de tener razón, sino de saber moverse a tiempo; de soltarse un poco, de permitir que el pensamiento respire. Porque, al final, "el pan de ayer no es un buen postre para hoy"; y siempre -aunque no lo parezca- hay un momento para inventarse de nuevo y apostar. Tal vez el problema no es que falte información -de la cual somos responsables qué hacer con ella-, tal vez la clave de todo es que sobra demasiada certeza.