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El sistema feudal funcionó por siglos, pero luego fue sustituido por las monarquías y estas por regímenes representativos y constitucionales
00:10 viernes 26 junio, 2026
Colaboradores
Los politólogos dicen que el primer deber de un partido político es ganar el poder, y una vez que lo logra, su meta principal debe ser cómo preservarlo. Pero el punto está en la capacidad real de los partidos para mantenerse en el poder. O las formas que use para hacerlo. Porque crean lo que crean los políticos, la fidelidad de los votantes no es eterna. Ninguno puede augurar lo que pasará el próximo año y mucho menos en los años por venir.
Y nadie, ciertamente, puede asegurar la eternidad de los mandatos políticos.
Hasta ahora, al menos, no se han dado regímenes eternos. Muchos que pretenden serlo, debieron evolucionar, se modificaron o se adaptaron –de grado o por fuerza– a nuevas circunstancias a partir de su encumbramiento. Pero luego, con mayor o menor celeridad, se desgastan también. El sistema feudal funcionó por siglos, pero luego fue sustituido por las monarquías y estas por regímenes representativos y constitucionales que dieron lugar también a tantas versiones y variaciones como a distorsiones diversas que conviven hoy en un mundo cada vez más politizado, pero también más polarizado y menos dispuesto a disculpar insatisfacciones.
Algunos ha habido que han tratado de evitarlo por medios diversos. Desde el "Reich" que según su ambición debería haber durado mil años, y regímenes autoritarios que han desaparecido al paso de las décadas, o de una tóxica mezcla de autoritarismo y racismo hasta los que confiaron en la corruptela, la represión o en la personalidad de un líder.
El peronismo, por ejemplo, instauró un estado benefactor que desde los años cuarenta, simbolizó tanto la gloria como la tragedia de los argentinos: estableció paulatinamente una red que a principios de la década actual era de 141 programas sociales que benefician directa o indirectamente a más de la mitad de la población, pero que se constituyeron también en un programa de clientelismo político que aún tiene resonancia y muchos califican como un lastre para el desarrollo económico del país.
Otros han usado la evolución social, económica y política: la República Popular China mantiene un sólido control del Estado, pero abrió su economía a tal grado que en ese sentido es casi una nación capitalista. Y la combinación ha funcionado bien hasta ahora, para ellos y países con sistemas similares, como Vietnam, por ejemplo.
Es un sistema que puede decirse nuevo, apenas en sus primeros años de vida en términos históricos, así que podría decirse que está todavía a prueba.
Pero es un modelo que depende también de la satisfacción de las necesidades y las ambiciones de sus poblaciones.
Ahora toca a Cuba ajustar su modelo económico y tal vez como consecuencia, eventualmente algunas de sus formas políticas. No por gusto ciertamente, sino bajo la presión de Estados Unidos, un país que bajo Donald Trump parece en una transición de democracia liberal a una democracia iliberal con dejos autoritarios.
Y mientras tanto, en México...
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE1