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El antecedente de Venezuela indica que no se trataría de un cambio integral de régimen cubano, sino de expulsiones, aperturas y liberalizaciones
00:01 miércoles 1 abril, 2026
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Un barco tanque ruso llegó el lunes a Cuba con un muy necesitado cargamento de petróleo, en un doble recordatorio de la complicada situación del gobierno Miguel Díaz-Canel.
De entrada, la dependencia de la solidaridad internacional, presente con el envío de alimentos, medicinas y artículos varios con la idea de aliviar las carencias agravadas por el bloqueo de EU a la llegada de combustible.
El gobierno ruso afirmó que seguirían envíos de petróleo a "nuestros amigos cubanos", pero no habló de los costos para una economía que está en quiebra.
Por otro, y más importante, es un recordatorio de que tal como están hoy las cosas, el bienestar de la isla depende del estado de ánimo de un adversario, el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
"Si un país quiere enviar algo de petróleo a Cuba en este momento, no tengo problema. Prefiero dejarlo pasar, ya sea Rusia u otro país, porque la gente necesita calefacción, refrigeración y todas las demás cosas que se necesitan", dijo Trump el domingo.
Pero la combinación se ve, sin embargo, como un respiro temporal para lo que se ha convertido en la que tal vez sea la mayor crisis existencial del estado cubano desde la disolución del bloque socialista en 1990 y más grave incluso que el llamado "periodo especial" provocado por la pérdida de los apoyos de la Unión Soviética.
Esta vez, figurativamente, el bloqueo lleva al aparato político cubano a enfrentar a regañadientes la posibilidad de cambios que han sido postergados por años.
"Desde el colapso del socialismo real, en casi cuatro décadas Cuba ha tenido dos ensayos de apertura económica y dos contrarreformas", señaló un texto del diario Reforma publicado por Gerardo Arreola, probablemente el principal experto mexicano en temas cubanos y que por más de una década fue corresponsal del periódico La Jornada en la isla.
Pero nadie dijo que hacer cambios o ajustes por presión externa, y menos con una pistola apuntada enfrente, tiene que ser agradable, o bien recibido.
Porque la realidad es que se trata de un intervalo en el bloqueo naval estadounidense y que al parecer, los contactos más o menos informales entre el gobierno Trump y personajes influyentes del gobierno cubano siguen adelante en torno a qué cambios y que tan profundos deben hacerse en el régimen emanado del triunfo revolucionario de 1959.
El antecedente de Venezuela indica que no se trataría de un cambio integral de régimen, sino de expulsiones, aperturas y liberalizaciones que no sin ser malas por sí mismas serían resultado de imposiciones y obligarían al simbólico acatamiento de la hegemonía que el gobierno Trump busca hacer en el hemisferio.
Porque parte del problema está en las demandas que desde Estados Unidos puedan plantear grupos de origen cubano que no solo buscan la terminación del régimen socialista sino indemnizaciones –quizá hasta restitución– por bienes expropiados.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE