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Washington llega a la puerta de su 250 aniversario sin ánimo de fiesta
00:10 jueves 25 junio, 2026
Colaboradores
Las encuestas de Pew, Gallup, NBC y The New York Times dibujan el mismo retrato: un país paralizado, con la polarización en máximos históricos y el sueño americano percibido como un recuerdo más que como una promesa. Dos de cada tres ciudadanos creen que van en dirección equivocada. En ese contexto, las proyecciones electorales de noviembre no favorecen a Donald Trump ni al Partido Republicano. El tiempo corre y la pregunta es inevitable: ¿puede el Gobierno cambiar el ambiente en poco más de un año?
Puede, pero no con más mítines. Necesita comunicar distinto. Si la meta es llegar a julio de 2026 con un clima que se acerque a la “grandeza” que Trump prometió en campaña, la comunicación oficial debe dar un giro en tres ejes.
1. De la confrontación al relato común.
La Casa Blanca ha sido eficaz para hablarle a su base. El problema es que gobernar solo para la base no alcanza para conmemorar 250 años de nación. El primer cambio es de destinatario: dejar de usar la comunicación como trinchera y empezar a usarla como puente. Eso implica reconocer agravios legítimos del “otro lado” sin ceder principios. Implica que el Presidente no solo critique a Washington, sino que explique qué parte de Washington sí funciona. Un aniversario no se celebra desde la queja: se celebra desde un mito compartido. Y hoy ese mito está roto.
2. De los enemigos a los resultados tangibles.
La narrativa de “recuperar la grandeza” se desgasta cuando el ciudadano promedio no la siente en el bolsillo. La comunicación debe anclarse en hechos verificables, no en promesas. Si bajó la inflación, que lo diga el recibo del supermercado antes que el vocero. Si regresaron empleos manufactureros, que lo cuente el obrero de Ohio en un spot, no el secretario en conferencia. En 14 meses no se reconstruye la clase media, pero sí se puede documentar, día a día, dónde el gobierno está quitando piedras del camino. Menos adjetivo, más sustantivo. Menos “histórico”, más “aquí está tu cheque de ahorro en gasolina”.
3. Del ruido digital al símbolo nacional.
El algoritmo premia la indignación y castiga la nuance. Si la estrategia de 2026 es seguir peleando en X a las 2 a.m., la percepción no va a cambiar. El Gobierno necesita recuperar el monopolio de los símbolos. La conmemoración de los 250 años es la última gran oportunidad en una generación para eso. Debe ser una campaña de Estado, no de partido: descentralizada, con gobernadores demócratas y republicanos, con veteranos, maestros, migrantes naturalizados y empresarios. Que el rostro de los 250 años no sea Trump, sea Lincoln, sean los firmantes, sea el soldado de Valley Forge y la enfermera de la pandemia. Cuando la política divide, la historia une. Pero alguien tiene que contarla.
El reloj no perdona. Quedan 13 meses para julio de 2026 y cuatro meses para las elecciones de noviembre. Son dos batallas distintas. Perder el Congreso limitará la capacidad de gestión, pero perder la narrativa limitará la capacidad de gobernar los siguientes dos años. Y sin narrativa, no hay “grandeza” que alcanzar.
Trump llegó a la presidencia prometiendo que volvería a poner a Estados Unidos primero. La paradoja es que para lograrlo, hoy necesita poner a Estados Unidos completo en la misma conversación. La comunicación no crea empleos ni baja precios por decreto. Pero sí crea el marco para que la gente crea que el esfuerzo vale la pena. Y ese marco hoy está quebrado.
Un 250 aniversario no se decreta: se construye. Y se construye con palabras que no hieran, con datos que no mientan y con símbolos que no excluyan. Si el Gobierno no corrige el tono, el calendario lo va a corregir a él. Porque en 2026 no se juzgará solo a un partido. Se juzgará si, 250 años después, el experimento americano todavía sabe hablarse a sí mismo.
La grandeza prometida empieza por recuperar la decencia del mensaje. Ahí está el primer giro. Y es urgente.
POR FERNANDO A. MORA GUILLÉN
X: @Fernando_MoraG
www.fernandomoraguillen.com.mx
Maestro en Comunicación Institucional por la Universidad Panamericana