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Históricamente, los partidos han visto a la ciudadanía no como un aliado, sino como un "plato de segunda mesa"
00:10 miércoles 22 abril, 2026
Colaboradores
Acercándose las elecciones las palabras "ciudadanización" y "apertura" comienzan a resonar fuerza más en un contexto que parece unipartidista. La propuesta que parece loable huele más a desesperación.
Como un plan innovador el Partido Acción Nacional (PAN) abrió sus candidaturas a perfiles sin militancia, un discurso reciclado que surge cuando peligra los privilegios en las cúpulas.
Históricamente, los partidos han visto a la ciudadanía no como un aliado, sino como un "plato de segunda mesa". Durante décadas, los perfiles ciudadanos —aquellos académicos, activistas o profesionales destacados que operan fuera de la "burbuja" del poder— fueron sistemáticamente ignorados, desplazados por el amiguismo, el pago de cuota.
Hoy, tras ser reducidos a mínimas posiciones por el avance arrasador de Morena y sus aliados, la oposición busca en la sociedad civil el oxígeno que sus propias figuras ya no pueden proveer.
Lo que hoy plantea el PAN tiene un antecedente directo y amargo en el PRI de 2018. En aquel entonces, en un intento por sacudirse el estigma de la corrupción y el desgaste, el tricolor modificó sus estatutos para postular a José Antonio Meade, un perfil técnico y externo que, aunque capaz, terminó siendo el rostro de un sistema que se negaba a cambiar desde adentro.
Ante el avasallamiento territorial de la coalición gobernante, los partidos tradicionales intentan "rescatar lo poco que les queda" disfrazando sus estructuras con rostros ciudadanos. Sin embargo, en el fondo, la lógica sigue siendo la misma: una repartición de posiciones donde el ciudadano aporta el prestigio y el partido se queda con las prerrogativas.
No nos engañemos: este fenómeno es parte de un mundo circular electoral, para las elecciones del 2018 la idea de la ciudadanización se materializó en las candidaturas independientes, hoy a ocho años quedaron en una triste anécdota, los propios partidos no las dejaron ‘florecer’, no hubo una maduración del proyecto.
Ante este nuevo ‘boom’ partidos como Movimiento Ciudadano han redituado este discurso, la narrativa ha sido tan productiva que tienen dos gobiernos de los más importantes de la República.
El cambio lo tenemos nosotros, un electorado activo y estudiado.
México necesita una ciudadanía que valore la democracia más allá de la urna; una sociedad que no se conforme con ser el "refuerzo" de último minuto para una elección, sino que exija una reforma profunda donde el mérito pese más que la lealtad a una sigla.