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El corazón del Plan B de reforma electoral no se aprobó. Y no se aprobó porque el PT, partido aliado de Morena, votó en contra de la columna vertebral
00:10 sábado 28 marzo, 2026
Colaboradores
La unidad que presumían ya no existe: se rompió la 4T. Morena se ha ensañado con sus aliados, tensó la liga y casi la rompe. Eran amigos, pero les da trato de adversarios.
El corazón del Plan B de reforma electoral no se aprobó. Y no se aprobó porque el PT, partido aliado de Morena, votó en contra de la columna vertebral de la iniciativa de Palacio Nacional.
Si ya el Plan A había sido frenado hace un par de semanas por el descontento del Verde y PT, lo que vimos esta semana repite la película y coloca al oficialismo en posición incómoda, debilita la alianza y envía una señal de fragilidad hacia afuera.
Lo votado por el Senado es tan endeble como la coalición gobernante.
De lo largamente anunciado, prácticamente nada se aprobó. Ni menos plurinominales, ni más legisladores para Morena, ni menos dinero para los demás partidos, ni la presidenta Sheinbaum haciendo campaña en 2027 con el pretexto de la revocación…
Un fracaso para Morena: no se salieron con la suya en su intento de hacerse de más control y poder.
Esto ya no es ni Plan B. Es puro maquillaje y modificaciones cosméticas.
El eje, lo importante para Morena, que era poner en la boleta a la presidenta -su principal activo- no se aprobó.
Cero y van dos iniciativas de reforma electoral que los propios aliados le frenan a Morena y a la presidenta. Así que la reforma, de ser una cosa “histórica”, como la vendieron, quedó en un asunto confuso y descafeinado.
Morena y Palacio Nacional no tuvieron más que aceptar un Plan B diluido. Se pusieron contra las cuerdas, por querer arrinconar a sus aliados.
Se quedaron sin margen y salió lo que pudo salir. Era eso o nada.
Morena en el Senado no tuvo más alternativa que doblar las manos.
¿Quién colocó en esa posición tan incómoda a la presidenta? ¿Por qué llevarla a un lugar donde tenía poco que ganar, cuando goza de alta popularidad y aprobación?
¿Quién opera para ella? ¿Quién manda en la 4T?
No salió la reforma que Pablo Gómez y compañía empujaron -sin consenso ni acuerdo con partidos aliados y opositores-, tampoco afianzaron su proyecto político. Por el contrario, desgastaron su alianza y maltrataron a sus compañeros de ruta.
La fractura es evidente. Esa “unidad” que tanto presumen, ya no existe.
POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
COLABORADOR
@MLOPEZSANMARTIN