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La guerra contra Irán muestra costos crecientes y ausencia de avances decisivos
08:11 jueves 2 abril, 2026
Mundo
Más de un mes después del inicio de la guerra el 28 de febrero de 2026, la guerra entre Irán, Israel y la participación directa de Estados Unidos no se mide en avances territoriales claros, sino en desgaste acumulado. Lo que comenzó como una ofensiva estratégica impulsada por Estados Unidos y Tel Aviv contra Irán ha derivado en un una guerra de largo aliento con impactos militares, económicos y energéticos que superan los objetivos iniciales. Desde el primer mes, los ataques aéreos israelíes sobre infraestructura iraní y la participación logística y militar estadunidense marcaron la pauta de una ofensiva de alta intensidad. Sin embargo, la respuesta iraní —mediante misiles, drones y presión sobre rutas estratégicas— ha eliminado la narrativa de superioridad tecnológica que ambos aliados intentaron sostener desde el inicio.
Desgaste militar sin victoria clara A nivel operativo, Israel ha mantenido una campaña aérea constante sobre objetivos en territorio iraní, incluyendo instalaciones estratégicas. No obstante, la capacidad de respuesta de Irán ha evidenciado límites en la defensa israelí. Sistemas como la Cúpula de Hierro, diseñados para interceptar proyectiles, han sido rebasados en distintos episodios por ataques simultáneos de drones y misiles, lo que ha generado impactos en zonas urbanas y bases militares. Irán, por su parte, no ha buscado una confrontación directa convencional, sino una estrategia de presión distribuida. Los ataques contra bases utilizadas por Estados Unidos en países del Golfo, así como la amenaza constante sobre rutas marítimas como el estrecho de Ormuz, han ampliado el conflicto más allá de un frente único. De acuerdo con reportes de organismos como el Organismo Internacional de Energía Atómica, incluso instalaciones sensibles como la central de Bushehr han sido alcanzadas, lo que incrementa el riesgo de una crisis mayor. A esto se suma la actividad de actores aliados de Irán en la región, lo que multiplica los puntos de tensión. En términos de bajas y daños, la información sigue fragmentada, pero agencias internacionales como AFP y Reuters han documentado ataques con víctimas en distintos puntos del conflicto, incluyendo Líbano e Israel. Este escenario refuerza la idea de una guerra que no avanza hacia una resolución rápida, sino hacia una prolongación con costos crecientes.
Impacto económico la gran alarma de EU Más allá del frente militar, el conflicto ha tenido efectos directos en el mercado energético. El precio del petróleo, particularmente el Brent, registró caídas cercanas al 6 por ciento tras anuncios de posibles negociaciones, situándose alrededor de los 98 dólares por barril, según datos de mercado citados por agencias internacionales. Este comportamiento refleja una tensión constante: por un lado, el riesgo de interrupción en el suministro global; por otro, la expectativa de acuerdos que estabilicen la región. Irán ha utilizado esta variable como herramienta estratégica, al condicionar el tránsito en rutas clave para el comercio energético. Estados Unidos, mientras tanto, enfrenta un costo elevado en términos operativos. El despliegue militar sostenido, el uso de tecnología avanzada y la protección de aliados en la región implican miles de millones de dólares en gasto, de acuerdo con estimaciones del Pentágono. Este factor añade presión interna en un contexto donde los resultados tangibles siguen siendo limitados.
En este punto, la pregunta sobre quién “va ganando” pierde claridad. Israel ha demostrado capacidad ofensiva, pero no ha logrado neutralizar la respuesta iraní. Estados Unidos mantiene presencia y control logístico, pero a un costo creciente y sin una victoria definida. Irán, aunque bajo presión, ha conseguido sostener su capacidad de respuesta y extender el conflicto a múltiples frentes. Con información de Excélsior.